Las Profecías Cumplidas – Parte I

 
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¿Se han cumplido las profecías que aparecen en la Biblia respecto al tiempo final?
Algunos escépticos dicen que no. Otros, por fe ciega en sus diversas religiones o filosofías, creen que sí…pero no lo saben realmente ni pueden demostrarlo.
Pero efectivamente, varias profecías bíblicas que nos hablan de esta era se han cumplido ya cabalmente…y existen datos para confirmarlo.

El lenguaje bíblico de las profecías

Probablemente, la causa más frecuente de que existan tantos malentendidos e interpretaciones erróneas de la Biblia, se derivan del hecho de que ésta, en muchas de sus partes, se encuentra escrita en un lenguaje alegórico, metafórico, simbólico.

¿Por qué es ésto?

¿No podrían haberse entregado los mensajes que vienen de lo alto en un lenguaje, digamos, común y corriente, sin necesidad de metáforas o alegorías?

La respuesta es no.

Para poder ilustrar ésto, imaginemos que, mágicamente, una persona de la era moderna es transportada hacia otra época, digamos, dos mil años atrás, algo así como el personaje de la novela “Un Yanqui en la Corte del Rey Arturo” de Mark Twain.

Imaginemos que esa persona quiere platicarle a quienes le rodeen en esa época -suponiendo, claro está, que esas personas mágicamente también, hablaran español más o menos moderno,-lo que tuvo que hacer para irse de viaje desde su país a, digamos, Disneylandia, comenzando desde el momento en que levantó un teléfono para comunicarse a una agencia de viajes.

¿Un qué para comunicarse adónde? le preguntarían azorados sus interlocutores. -¡Un teléfono! ¡Un…! ¡Claro, tonto de mí!- se diría nuestro imaginario viajero en el tiempo, dándose un golpe en la cabeza -¡si todavía no se inventa el teléfono!

¿Qué haría usted en esa situación? Ciertamente acabaría por tomar elementos familiares y comprensibles para sus interlocutores que podrían darles alguna idea de a qué se está refiriendo usted.

Probablemente, después de vanos intentos, usted decida, para darse a entender de ellos, tomar un cordel y haciendo hoyos en el fondo de sendos vasos de cerámica, conectarlos para que a través de la vibración acústica, un remedo muy primitivo del teléfono digital que usted tiene en su casa, sirviera para describir algo cuya noción fundamental -la comunicación a distancia- resultaría impensable para dichos interlocutores.

Hasta ahí, aun con problemas, usted pudo describir el teléfono.

Ahora, al pasar a describir el sentido de la existencia de algo que usted ve tan familiar -una agencia de viajes- usted, probablemente, se topará con una tarea digna de Hércules.

Tendría que comenzar por explicar -en una época donde no existían proveedores de servicios intangibles- todo el contexto en que se inserta el concepto de una agencia de viajes que se dedique, no a cultivar patatas ni a hacer pan o rejas de arado, sino a vender ¡boletos de avión! ¿Qué de qué? preguntarían sus interlocutores, rascándose la cabeza. -¡Boletos de avión!- trataría usted de explicar, sin saber a ciencia cierta si le están comprendiendo- ¡papelitos por medio de los cuales se le permite subirse a un avión!.

¿Un avión? ¿Y éso que es?-preguntarían una vez más, los desconcertados habitantes de esa remota época. Y ahí, para ellos, usted entraría en el terreno de lo sobrenatural, de lo fantástico, de lo mágico.

Dejemos la descripción de una máquina voladora a la creatividad de usted…así como la tarea, al intentar describir Disneylandia y a Mickey Mouse, de ingeniárselas para evitar ser quemado en leña verde por hechicero o apedreado por lunático.

No importa el camino que usted tome para ello, tendrá finalmente que recurrir a alegorías, metáforas, parábolas y símbolos, tomando objetos e ideas comprensibles para sus interlocutores, para hacerse entender, aunque sea en mínima parte, por ellos.

Aunque de una manera un poco simplista, es ésta la explicación del porqué los mensajeros de la Divinidad han precisado de usar símbolos y alegorías (rollos que vuelan, tronos, candelabros, vasijas de aceite, etc., etc.) para describir, con términos limitados, las cosas de índole superior.

Por supuesto, el contexto cultural de los recipientes de esos mensajes tendría que ser tomado en cuenta. Así vemos cómo en la descripción de los tormentos que acarrea un mal comportamiento son descritos, para los lapones o esquimales, como un frío de magnitudes aterradoras, mientras que para los habitantes de zonas menos gélidas, la alegoría usada fue la del fuego quemante.
Imagine por otro lado, que alguien le encargara a usted transcribir “La Guerra y la Paz” de Tolstoi, pero usando para ello una máquina de escribir a la que le faltaran cuatro o cinco letras -las que usted decida-.

O trate usted de tocar “La Novena de Beethoven” en un piano al que le faltaran tres notas naturales en cada octava, digamos, las notas do, mi y sol o las que usted escoja. En ambos casos, sus lectores u oyentes, tendrían que hacer uso de su imaginación para deducir todo aquello que, por falta de elementos, tuvo que ser omitido o verse reducido.

Hecha esta explicación, será más fácil comprender el lenguaje aparentemente oscuro o cifrado en que fueron entregadas las anticipaciones o profecías de cuanto iba a suceder de relevante en este Tercer Tiempo.

Las señales precursoras.

Existen referencias en diversos pasajes de la Biblia que, tomando en cuenta la explicación al inicio de esta página, son bastantes claras y precisas para describir los sucesos que habían de ser el preludio para la llegada de una nueva etapa para la humanidad, una etapa marcada por grandes acontecimientos en todos los órdenes a nivel mundial.

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se
le  acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas y qué 
señal habrá de tu venida y del fin del siglo?  Respondiendo Jesús 
 les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi 
 nombre, diciendo: Yo soy el Cristo y a muchos engañarán. Y oiréis 
 de guerras y rumores de guerras;  mirad que no os turbéis, porque 
 es necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el fin.  
 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y 
 habrá pestes y hambres, y  terremotos en diferentes lugares. Y todo 
 esto será principio de dolores. 
 Mateo 24:1-8

En el lenguaje vernacular arameo, como en el hebreo, existen giros del idioma que al ser traducidos literalmente, cambian el sentido de dicha expresión. En el siglo I, después de la crucifixión, muchos esperaban que Jesús regresara al fin de ese mismo siglo; Simón Pedro, considerado por muchos como el príncipe de los apóstoles, tenía muy claro el significado de esta expresión. Así, les explica a aquéllos que creían que Jesús iba a regresar antes del fin de ese siglo primero: “Mas, oh amados, no ignoréis ésto; que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día”.

Al prevenir a Sus discípulos de la llegada de falsos Cristos y profetas, Jesús deja entrever que Su retorno sería en espíritu, cosa que aclara aún más unos versículos más adelante:

Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad,  
allí está, no lo creáis.
 Mateo 24:23

Podemos entonces asegurar, conforme a ésto, que la presencia de Cristo en la Tierra, al final de los tiempos, no sería física, material, sino espiritual, sutil, elevada.

Más adelante viene descrito el periodo que iba a anticipar la apertura del Tercer Tiempo y con él, del Sexto Sello. Las referencias que daremos de aquí en adelante fueron extraídas de la Enciclopedia Encarta de Grolier y pueden fácilmente ser cotejadas por cualquier persona.

Peste 

 La peste negra asoló a Europa en el Siglo 16 y mató a millones de personas. 
 En América, millones de indígenas murieron al ser contagiados por los conquistadores 
 españoles con diversas enfermedades: sífilis, tuberculosis, etc. La peste bubónica 
 también cobró millones de víctimas en toda Asia, Africa y parte de Europa en los 
 siglos  15 y 16.

Hambre 

 Grandes hambrunas devastaron Europa, Asia y Africa a partir del siglo 17, 
 llegando  al extremo de que en la India murieran más de 10 millones de personas en
 1769 y  solamente en Ovissa murieron en 1866 más de ¡1,500,000 personas!

Terremotos  

 Terribles terremotos han devastado muchas naciones y lugares del globo. Irán, 
 Turquía, Grecia, Argel,  Japón, y Sudamérica han sufrido repetidas y masivas 
 destrucciones provocadas por terremotos.
 Lisboa fue destruida en 1755 por un terremoto que causó la muerte de 60,000 personas; 
 Voltaire  narra ésto en su novela Cándida. En 1812 el terremoto de New Madrid alteró 
 el curso del río Mississippi. 

Rumores de Guerra

 Podría decirse, después de conocer la magnitud de destrucción de que  sería 
 capaz de alcanzar el ser humano durante las dos Guerras Mundiales, que las 
 continuas guerras  que se propagaron por todo el planeta a partir de la invención de 
 las armas de fuego, en el siglo 15, fueron realmente rumores de las guerras genocidas 
 que habrían de llegar después. Las denominadas Guerra de los Treinta Años, de los Cien
 Años, del Gran Norte Europeo, de Crimea,  de las Siete Semanas, la guerra civil tanto 
 en el Imperio Otomano como en los Estados Unidos y  muchas más, dan fúnebre testimonio 
 de ello.  

Nación contra nación 

 Los expertos dicen que con la invasión de Rusia por Napoleón en 1812, comenzó un nuevo
 modo de entrar  en guerra, ya no por motivos religiosos entre las pequeñas 
 ciudades-estado, sino por motivos seculares,  económicos y políticos entre grandes 
 naciones. La guerra franco-prusiana, la guerra ruso-japonesa y  varias más, todas
 ellas fueron  el preludio de una nueva era para la humanidad y desembocaron, ya
 iniciado  ese tiempo,  en la Primera Guerra Mundial, una conflagración de una magnitud 
 como nunca había visto  la  humanidad, pero que resultó superada por los horrores de
 la Segunda Guerra Mundial.  

Las señales de la apertura del Tercer Tiempo y con ello, del Sexto Sello.

Existen varias profecías que describen este Tercer Tiempo, profecías que se han cumplido de una manera tal, que pueden ser corroboradas por cualquiera que quiera verlas. Dentro de ellas, la profecía de Joel es particularmente específica:

Y después de ésto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros
 hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verás
 visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en
 aquellos días. Y  daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y
 columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes
 que venga el día grande y espantoso  de Yahvé. 

 2 Joel 2:28-31

En este tiempo, ya no es para nadie una sorpresa la multiplicidad de visiones y sueños proféticos que mucha, muchísima gente, de toda condición social, nacionalidad, raza y edad, experimenta todos los días del año. Esto ha dado lugar a que se cree una nueva rama de la ciencia, la parapsicología, que intenta estudiar estas manifestaciones espirituales, que repetimos, de tan extendidas, ya son vistas como algo casi natural, pero no por ello deja de ser extraordinario dentro de la historia de la humanidad.

Pero, ¿y las señales en el cielo y en la tierra? ¿También tuvieron cumplimiento? ¿Dónde y cuando? Veamos.

Prodigios en el Cielo  

 1858. El Cometa de Donati. La enorme triple cola de este fenómeno cubría 50 grados del
 arco del cielo. Se calcula que ésto correspondía a una figura lineal de ¡70 millones de
 kilómetros!
 1862. Agosto. La primera de dos lluvias de meteoritos (Perseidas) observadas en 
 prácticamente todo el mundo; los científicos explican ahora que eran los residuos del 
 cometa 1866 III  que se incendiaron al penetrar en la atmósfera..
 1862. Noviembre. La segunda -y notable- lluvia de  meteoros, ésta perteneciente a los
 luminosos residuos del cometa 1866 I.
 1882. La aparición de un cometa cercano al sol, de una brillantez inusitada, provocó 
 asombro y espanto  en muchos países. 

Prodigios en la tierra 

 Esta parte de la profecía bien podría tener una interpretación distinta a la de 
 fenómenos naturales, al observar el enorme y sorprendente avance de la ciencia y 
 tecnología humanas. La lista de invenciones  y descubrimientos científicos a partir 
 del siglo 19 es muy grande, por lo cual únicamente pondremos  aquí algunos de los más 
 relevantes. 
 1802. Fulton inventa el bote con máquina de vapor. 
 1837. Morse inventa el telégrafo. 
 1839. Daguerre inventa la primera cámara fotográfica. 
 1840. Cayley -considerado por muchos como el padre de la aviación- inventa las primeras
 máquinas voladoras  para transporte de pasajeros. 
 1858. Marsh y Marsh inventan la máquina cosechadora. 
 1866. Tilston Bright instala el primer cable trasantlántico entre Estados Unidos e 
 Inglaterra.  1866. Nobel inventa la dinamita. 
 1868. Glidden y Latham inventan la máquina automática de escribir. 
 1876. Graham Bell inventa el teléfono. (Se le atribuye también a Elmo). 
 1877. Edison inventa el fonógrafo. 1 877. Berliner inventa el micrófono. 

El Sol en tinieblas, y la luna en sangre

 1883. La explosión del volcán Krakatoa entre Java y Sumatra, es quizás,
 la señal material más impresionante de todas las que anunciaron la llegada de un
 nuevo tiempo y el cumplimiento de las profecías de Joel y Juan en el Apocalipsis.
 En la noche del 26 al 27 de Agosto de 1883, la más violenta explosión volcánica que
 registran los anales de la historia, destruyó la isla donde se asentaba el volcán y 
 las consecuencias de  tal desastre se dejaron sentir en todo el planeta: la nube de
 gases, polvo y vapor que desprendió violentamente la erupción se proyectó a 27
 kilómetros de altura, y la marejada provocada por el  fenómeno alcanzó más de 15 metros
 de altura, llegando hasta una distancia de 12,000 kilómetros,  matando miles de
 personas en las costas de Java y Sumatra. Se considera que el ruido de la explosión ha
 sido el más grande de toda la historia. La nube de polvo emitida por el volcán cubrió
 el sol durante más  de un día y después de ello, la luna pareció teñirse de un rojo
 subido, parecido al color de la sangre. Durante tres o cuatro días más, los
 observadores en todo el globo reportaron coloraciones brillantes en el amanecer y el
 atardecer, debido a las refracciones de la luz solar en las partículas suspendidas
 producto de la explosión.