Cátedra Divina – 8 de Noviembre de 1986

 
Este artículo pertenece al tema de Comunicaciones Divinas de espíritu a Espíritu. Parte 9 de 11

Venid a Mí todos aquellos a los cuales la lucha por la vida ha marcado con el signo de la derrota; Yo haré de vosotros los vencedores, porque enjugaré vuestras lágrimas y os levantaré del camino donde el polvo de la tierra os ha arrojado.

En vosotros no encuentro ya desafío a los designios divinos sino la aceptación a Mi voluntad.

Ha llegado hasta Mí vuestra petición; no es ya la incertidumbre la que pone a prueba a su Padre, sino la necesidad de un espíritu por elevarse y encontrar aquello tan preciado, tan caro a su corazón, que es mi paz.

No he puesto Yo condiciones a mis hijos, y en verdad os digo que vuestra pequeñez me conmueve. Mas no me pidáis piedad, porque Yo soy la piedad, ni me pidáis amor, porque Yo soy el amor.

Os digo que os basta acercaros a Mí en un instante de verdadera entrega, para que Yo abra vuestros ojos espirituales, mismos que al ver la luz, sabrán que están ante su Dios y no se cegarán más en el camino.

Y así iréis en vuestra labranza, unas veces tropezando, otras veces elevándoos con alegría, pero os digo, que jamás estaréis solos porque yo nunca os abandono, porque no está en Mí alejarme de mis criaturas tan amadas.

Habéis sido vosotros quienes os habéis retirado de mi presencia, quienes me habéis negado; y el mundo os ha comprado, pagándoos vuestro precio con moneda engañosa.

Mas he aquí que Yo he venido a rescataros.

No es ya la palabra humanizada la que llega a vosotros, sino es el arrobo del espíritu, el éxtasis superior que experimentáis cuando reconocéis que esta voz que os habla, es la misma que os ha hablado siempre, porque siempre he estado en vuestro ser.

No es necesario que salgáis en mi busca a ningún lado, porque doquiera os encontréis, ahí me hallaréis, a vuestro lado.

Ved cómo los tronos no significan nada para Mí; ved cómo esa gloria y majestad en la que el hombre cree que Yo habito o me encuentro nada son si en ellas no están mis hijos; porque os digo que un rey no reina sólo, y aquí hay más que un Rey.

Os hablaré a través de vuestro propio corazón, con vuestro propio espíritu, para que así comprendáis que ante Mí sois dignos, y que Mi amor os ha elevado.

Recojo las inquietudes de quien tiene preguntas que cree no han obtenido respuesta y le digo: “Buscad en vuestro espíritu y ahí encontraréis la respuesta a todo cuanto queráis saber”.

Descubro también a aquél que cree haber fallado, y le digo: “No temáis, porque os digo que vuestro secreto está a salvo conmigo, porque Yo soy el amigo que no traiciona, el amor que no defrauda”.

Recordad que os conozco por vuestro nombre, que me sois amados desde antes de haberos creado, y que nadie de vosotros me puede ser ajeno o indiferente; y pensad, que si todo el tiempo estoy con vosotros, no tenéis por qué sentiros avergonzados al llegar a Mi presencia.

¿Qué podréis decirme que Yo ignore de vosotros? ¿Qué falta vuestra podrá sorprenderme? ¿Qué desliz me parecerá inaceptable en vosotros? Si conozco todo vuestro pasado, vuestro presente y futuro, en Mí sólo hallaréis una total aceptación y sois dignos de hallar la salvación.

Yo os dije antes que por el más pequeño de vosotros, sería capaz de hacerme crucificar de nuevo.

He permitido que las huestes espirituales se comuniquen en espíritu y en verdad con vosotros, pero os digo que debéis elevar vuestras prácticas.

No debéis ya fijar un día exacto para buscar vuestra curación y para vuestra entrega; porque os digo que en vuestro mundo el mal acecha en cada paso, en cada minuto y en cada corazón.

Ya habéis saboreado la potestad que lográis estando reunidos, mas esta reunión no es de la materia, sino del espíritu; porque ni la distancia ni el tiempo lograrán apartaros; os digo que estáis más juntos trabajando en Mi Obra, que cuando estáis con vuestra propia familia; porque llegará el día que digáis como dijo Jesús: “¿Quién es mi padre y quién es mi madre?”.
Todo aquél que os necesite, todo aquél que os busque y todo aquél que os pida, es vuestra familia; porque he ahí a vuestro hermano, a vuestro padre y a vuestra madre.

A través de esto os quiero decir, que así como amáis a vuestros hermanos materiales, a vuestro padre y madre terrenales, llegando inclusive al sacrificio de vuestra propia vida con tal de conservar la de ellos, así debéis hacer con vuestros hermanos.

Aprended a ver que detrás de cada corazón necesitado, hay una criatura de vuestro Señor; aprended a ver detrás de aquel que pareciera estar fallando, esclavo de las pasiones y sujeto a los crímenes, un espíritu que algún día ha de liberarse y llegar hasta la mansión espiritual.

Vosotros no sabéis de qué pasado venís, y todavía os parecen remotas vuestras vidas anteriores; mas para vuestro espíritu, toda la experiencia contenida está presente en cada pensamiento y en cada acto de vuestra vida.

He ahí la explicación de muchos de vuestros males, porque en vano intentáis buscar en el día anterior el mal que se anidó en siglos anteriores. No pretendáis explicar por medio de la materia, lo que corresponde al espíritu.

También debéis evitar contaminaros con aquellos que os enseñan que la única forma de cumplir con Dios, es renunciando al mundo; porque la renuncia que os pido, es a vosotros mismos y a las tentaciones del mundo; pero al mundo en sí, a vuestros hermanos, os pido que os acerquéis, que lleguéis hasta ellos puesto que para ello os puse en esta vida humana; Yo no quiero místicos en Mi doctrina, y sabed que el fanatismo no tiene lugar donde hay sabiduría.

Que no descubran vuestros hermanos a través de vuestras prácticas exteriores que sois obreros de la mies espiritual; más que vuestros labios, deberán hablar vuestras obras; el mundo se asombrará y verá que en aquellos que creía seres comunes y corrientes, se manifiestan virtudes y potestades que por mucho tiempo habían permanecido ignoradas.

Ved como muchos que se dicen judíos, dudan inclusive de los milagros que obré a través de Moisés, y cuántos que se dicen cristianos, niegan las obras que el Divino Maestro hiciera en su paso por la tierra, incapacitados para comprenderlas.

Así en este Tercer Tiempo, también a vosotros os acusarán y os dirán mentirosos, y creerán que son patrañas aquello que vosotros enseñáis. Vosotros no debéis defenderos de ellos, porque os digo que seré Yo quien os defienda; y por mucha potestad material que vierais en el mundo, os digo que ningún átomo de ella me llega, porque lo vano es nada ante la Divinidad.

Así, entregaos a Mi doctrina, al cumplimiento de la Ley y a la práctica del bien; no habrá entre vosotros nadie que se oponga a mi llamado, no habrá tarea pequeña e irrealizable, y veréis cómo me derramo a través de vosotros; prodigios y maravillas hablarán de lo mucho que he trabajado con vosotros, porque os digo que sois vosotros Mi obra.

Os hice brotar de mi mente divina, os di aliento con mi propia vida, os hice partícipes de Mi amor, y os digo: Si llegáreis a fallar en medio de vuestro cumplimiento, no temáis, porque Yo he de estar con vosotros para confortaros y ayudaros como cirineo, a cargar con esa bendita cruz que por amor a vuestros hermanos lleváis a cuestas.

¡Mi paz sea con vosotros!