La Búsqueda de la Bestia Apocalíptica Parte 2

 
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¿Un Ego Saludable?

No existe tal cosa… Tu ego es esa personalidad, esa máscara que has llegado a creer es el “tú” verdadero.

Y lo peor: Estás en realidad entrelazado con esa cosa, con esa falsa noción de quién tú verdaderamente eres.

Y por supuesto, quien tú eres en verdad es el espíritu dentro de tu cuerpo humano.

Y hay gran cantidad de diferentes apariencias que el ego usa con el fin de engañarnos: La falsa modestia y la timidez no son otra cosa que el ego mismo, solo que funcionando en reversa, porque ¿sabes? la timidez así como la vergüenza -ninguna de las dos es de origen divino-, provienen de la preocupación por lo que los demás puedan pensar de “tí”.

Dicho de otro modo: Cuando te mortifica la proyección de la imagen de tu “yo” o de la percepción que otros pudiera tener acerca de esa imagen creada por el ego para esconderse, en realidad lo que haces es reflejar la angustia de ese ego de encontrar la manera más eficaz de engañar a todos… incluyéndote a tí mismo.

Pero la buena noticia es que, aun cuando el ego crea tener total control sobre de tí, el hecho es que tú -el espíritu- eres el que tiene el poder verdadero.

Cualquiera de nosotros puede extinguir su ego completamente, tal y como Jesús nos enseñara a hacer. Cuando menos, podrías comenzar por disminuirlo ahorita mismo.

Todo lo que tienes que hacer es velar y estar consciente de que la bestia está lista y al acecho para escapar de su jaula apenas bajes la guardia.

Esa Voz en tu Cerebro: ¿La Conciencia o el Ego?

¡Cuidado! Lo que muchos creen que es la voz de la conciencia es, en realidad, la voz del impostor: el ego.

Si estás creyendo que tú posees una conciencia propia ¡has sido engañado!

La auto-percepción o consciencia (así, con ese y ce) es una cosa, y la más de las veces es estrictamente personal, y como humanos, tendemos a creer que es nuestra nada más; pero la Conciencia es algo diferente.

Dado que el ego usa otro poderoso truco que consiste en convertir cualquier pensamiento tuyo instantáneamente en una creencia, la defensa de esa creencia se vuelve para tí en la tarea más importante.

No importa si ese pensamiento/creencia es bueno o malo, falso o verdadero, certero o erróneo… Lo único que importa es que sea “tuyo”, así que automáticamente e irreflexivamente lo defiendes.

Pero la Conciencia es un asunto muy diferente.

Para comenzar, todos compartimos una Conciencia común, omnipresente, universal, no una que es particular y local, atada a tiempo y circunstancia y por tanto limitada.

Esa Conciencia que es en su naturaleza generosa, altruista, sabia y perfecta, nos enlaza a todos. Por ello, no hay manera en que tengas una conciencia peculiar, distinta a la de los demás.

Así que por un lado tienes una voz que viene del ego y otra, que proviene de la Conciencia.

¿Cómo distinguir la una de la otra? Fácil. La Conciencia siempre habla de la Ley divina… sin cortapisas, sin palabras vanas ni falsos oropeles.

No hay modo de entablar negociación alguna con la Conciencia Verdadera. Es implacable, inmutable, ineroxable… es perfecta ¿recuerdas? y por lo mismo, no la puedes acomodar a tu agenda o intereses personales.

¿Y la otra voz, la voz del ego? Bueno, ésta comienza por arrojar a la mesa todo tipo de ideas, pensamientos, esquemas y estratagemas egoístas, interpretando y acomodando la cosas para que se amolden convenientemente al falso sistema de creencias que tu ego ha desarrollado, negociando hasta conseguir sus egoístas fines, cambiando el sentido de todo sin importar el costo ni detenerse ante nada.

Así que la próxima vez que choques con el sistema de creencias o intereses de alguien más, y esa persona insiste en que está escuchando y obedeciendo la voz en su interior que contradice y se opone a la voz de la Conciencia en tí, asegúrate de que no estés atrapado en una batalla de egos: el de esa persona y el tuyo.

La Receta Anti-Ego


1. Al terminar el día, antes de dormir, repasa todos los eventos y sucesos que has vivido y revisa todas las decisiones que hayas tomado en ese día, sean pequeñas o grandes, aceptando y reconociendo tanto las buenas como las malas, pero enfocándote mayormente en aquellas donde tu ego haya interferido con tu buena naturaleza.

Perdona de todo corazón cualquier ofensa recibida, y entonces pide perdón por las ofensas que tu hayas hecho, y pon todos los eventos del día en su justa proporción, extrayendo de ellos todas las lecciones que te sea posible.

2. Toma la firme determinación de corregir las malas decisiones que hayas hecho, para que la próxima vez puedas hacerlas mejor. Perdónate y acéptate tal como eres, recordando que el perfeccionamiento es un proceso, no un lugar.

3 Tan pronto como abras los ojos al día siguiente, revisa tu determinación de la noche anterior y planea tu día de acuerdo con esa determinación, proponiéndote a tí mismo cumplirla con tu mejor esfuerzo.

4 Ora a Dios en petición de ayuda y guía… no sólo para tí sino para el universo entero. Y no olvides de sentir y expresar tu gratitud a nuestro Padre Celestial por todo, aún por aquellas cosas que aparentemente no te han sido buenas o convenientes… y sonríe. Recuerda: Todo encierra una lección, sea ésta dulce o amarga.

5 Manténte en vela todo el día.

Has esto por al menos 21 días seguidos, para que desarrolles el hábito de ser un “tú” bueno, amoroso y no egoísta.

Después, continúa tratando de ser esa amorosa, espléndida criatura por el resto de tu vida, tanto humana como espiritual… día tras día, uno a la vez


Resumiendo la receta:

“Vencéos a vosotros mismos y
el camino os será fácil; entonces podréis vencer a la bestia que Juan mi apóstol contempló en su revelación.”

El Tercer Testamento

De este modo, no permitirás que tu mente te siga jugando malas pasadas… por cuenta del ego.

La Búsqueda de la Bestia Apocalíptica

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