La Búsqueda de la Bestia Apocalíptica Parte 1

 
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Identificando al Enemigo

La palabra ‘ego’ es definida por el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como:

1: m. Psicol. En el psicoanálisis de Freud, instancia psíquica que se reconoce como yo, parcialmente consciente, que controla la motilidad y media entre los instintos del ello, los ideales del superyó y la realidad del mundo exterior.

2: m. coloq. Exceso de autoestima.

La primera acepción es el significado generalmente aceptado de la palabra “ego” y es precisamente lo que define el mayor problema con este concepto: Nos separa a los unos de los otros.

Al confundir la individualidad con el ego, y al seguir la errónea idea psicológica tradicional (actualmente refutada por los psicólogos más avanzados) de que es el ego el que nos otorga nuestra identidad, ha habido un enorme lavado de cerebro por parte de los medios masivos, dándole una desmesurada importancia a la personalidad egoísta, opuesta al altruismo, el cual es un prerrequisito para manifestar la maravillosa virtud espiritual de la caridad.

El caos presente es resultado de ese lavado de cerebro masivo… como fuera profetizado por nuestro Señor desde los primeros profetas de Israel hasta Juan con su visión, como se halla narrada en el Libro del Apocalípsis, también conocido como el Libro de la Revelación.

Fueron principalmente dos profetas quienes anticiparon el surgimiento del ego como el mayor enemigo de la Humanidad. El primero fue Daniel, en la antigua Babilonia, y el segundo, Juan, en la isla de Patmos.

Y ambos identificaron a tan mortal enemigo como la bestia.

Claro, esa descripción es una metáfora, pero ¡cuán precisa y autoexplicadora es esa metáfora!

La Gota de Agua y el Océano

Entonces, ¿cómo hemos de entender nuestra propia existencia, nuestra propia identidad?

Pues bien: Tomemos por ejemplo, una humilde gotita de agua del océano. Claro, posee la mayoría de los atributos del océano, aunque no todos: Una sola gota de agua es incapaz de crear una marea por sí misma ¿no?

Esa sencilla gota de agua es, por sí misma, un individuo, y tiene una identidad por la cual la distinguimos de otra muy similar a ella, porque ocupa un espacio y una posición diferente en ese océano.

Ahora, supongamos que esa gota de agua tuviera una mente, y descubriera que existe; en otras palabras, que tomara consciencia de sí misma.

¿Es eso un ego?

De ninguna mnaera, porque junto con su propia autoconsciencia, llega la noción de pertenecer a algo mayor a sí misma, comenzando con las vecinas gotas de agua.

Y cuando esa consciencia se expande y se convierte en una consciencia completa, ésta le dice a la humilde gota de agua que ella no es “Yo” sino “Nosotros” y más aún, es “el Océano”, dándole a esa gotita de agua el sentido de pertenencia, de ser parte de algo mucho más grande que ella.

La Búsqueda de la Bestia Apocalíptica

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