El ejemplo de Jesús

 

” La lección perfecta os la dí a través de Jesús. Analizad mi paso por el mundo en cuanto hombre desde el nacimiento hasta la muerte y tendréis explicado el amor en forma viva y perfecta. Yo no vengo a pediros que seáis iguales a Jesús, porque en Él hubo algo que vosotros no podéis alcanzar: ser perfecto en cuanto hombre, ya que quien estuvo en Él fue el mismo Dios en forma limitada, pero sí os digo que debéis imitarle”

El Espíritu del Padre se humanizó para dar el ejemplo viviente de lo que debía ser la vida espiritual del hombre sobre este planeta, para poder tocar sus fibras más sensibles, y ser obedecido, no por el temor a la justicia divina, sino por el amor que Él mismo enseñaba a sus criaturas.

El Espíritu Divino entregaba así la lección perfecta, a través de la vida de Jesús, un ejemplo palpable como nunca antes lo tuvo el hombre, y como nunca después lo tendrá.

La Obra que Él llevó a cabo, aún siendo una lección y un ejemplo para que los imitase la humanidad de todos los tiempos, fue inigualable para ese pueblo, porque Sus obras poderosas y Su Verbo sublime pueden imitarse pero nunca igualarse.

“Los apóstoles que Él dejara en ese tiempo, en los cuales depositó Su esencia, Su sabiduría y Su amor, y que supieron regar la semilla que Jesús sembró, honrando con su vida y con su muerte el ejemplo de su Maestro, ellos, no sólo pueden ser imitados, sino igualados por vosotros; eran espíritus encarnados que vinieron entre la humanidad a cumplir una alta misión, que era demostrar al mundo que la Doctrina de Jesús el Cristo, podía ser imitada por la humanidad.”

A todos sanaba Jesús, no había mal que por Él no fuera vencido, no había enfermedad por Él desconocida, no había problema sin solución, no existía pecado sin perdón y no había aflicción sin consuelo, todo se hallaba en ese manantial de amor, en aquel Doctor Divino que todo lo curaba, todo lo sanaba con un solo remedio, con un solo bálsamo: Su amor.

Para los discípulos del Divino Maestro en este Tiempo, les digo que podemos ser continuadores de aquellos discípulos y en nuestras manos espirituales, en nuestro espíritu y en todo nuestro ser, se ha derramado la Divinidad como se derramara en aquellos que siguieran a Jesús en aquel tiempo.

En aquel tiempo buscó a los enfermos del cuerpo para despertar a los espíritus, hoy viene en busca de los espíritus para que se levanten y despierten a los demás.

Podemos ver cómo los ciegos para la luz espiritual han abierto los ojos a la luz del Tercer Tiempo, cómo los leprosos del pecado y de los vicios, se han limpiado al escuchar la Divina Palabra; los que se encontraban prisioneros de las pasiones humanas, hoy se han liberado para trabajar y para luchar, extendiendo sus alas en la senda espiritual; los que habían muerto a la vida de la gracia, hoy han contemplado la brecha abierta por el Espíritu Santo, que los invita a la espiritualidad, a la luz y a la perfección.