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El Pecado Original

El pecado original, tal y como lo enseñan las religiones cristianas, no es una doctrina divina, es una teoría humana.

De hecho, aunque suene escandaloso para muchas personas que fueron criadas de buena fe en la creencia de que este concepto deriva de una fuente divina, no hay una sola palabra en la Biblia que apoye esta teoría.

Los cristianos modernos creen que estas teorías son doctrinas emanadas de la Biblia debido a que los teólogos, predicadores y sacerdotes las enseñan como si fuesen doctrinas divinas tomadas directamente de la Biblia y tratan de darles un cierto semblante de credibilidad citando un par de versículos bíblicos totalmente fuera de contexto.

Sin embargo estas teorías no son doctrinas bíblicas y los primeros seguidores de Jesús jamás supieron de ellas.

El mismo Jesús nunca mencionó nada relativo a este asunto, simplemente no existe en los Evangelios.

Esta teoría o al menos la base de ella, fue inicialmente sostenida por Agustín, obispo de Hipo, en dos libros escritos en contra de Pelagius y Celestius, tan tardíamente como el año 418 de la era cristiana.

Más tarde, tres diferentes versiones de esta doctrina emergieron, cada una tachando de falsas a las otras y negándoles validez alguna.

Pero el principio básico en todas estas teorías es que la humanidad, a partir de Adán y Eva, tiene una naturaleza depravada y que todos nosotros, como descendientes de ellos, nacemos en pecado.

¿El Sexo, Pecado Original?

Por alguna extraña razón, la imaginación popular (y de muchos «estudiosos» antiguos de la Biblia), hizo girar los motivos del llamado original o caída, desviándolos de la desobediencia a los mandatos divinos hacia algo más terreno y mundano: el sexo.

Y sin darse cuenta de esa profanación, muchos hasta el día de hoy siguen atribuyendo a los placeres carnales la caída del ser humano.

Esto es totalmente equivocado: Una lectura cuidadosa de la parábola acerca del Jardín del Edén y de la caída de la gracia del género humano, contenida en los capítulos 2 y 3 de la Biblia, nos descubre algo de suma importancia: durante todo ese lapso ambos, Adán y su compañera, ¡son vírgenes!

Tan es así, que no es sino hasta el capítulo 4 donde Adán «conoce» (eufemismo del acto sexual en lenguaje bíblico) a su mujer y es también ahí donde por primera vez se le menciona con el nombre de Eva (madre, en hebreo arcaico).

Sí, así es. Desde la creación hasta la expulsión del Edén, a la mujer se le llama sencillamente mujer; por tanto, no es exacto decir que fueron creados Adán y Eva.

El único nombre mencionado es Adán, que no es nombre propio, sino que significa «hombre».

Las Escrituras

El concepto de pecado original no está basado en las Escrituras.

Si tomas tu Biblia y lees no tan solo al profeta Ezequiel sino también el libro de Exodo, encontrarás el concepto contrario: Cada hombre es responsable de sus actos y por tanto, no existe un pecado original que sea transmitido de generación en generación.
Deuteronomio 24:16 dice:

«Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado.»

En Ezequiel 18:20 puedes leer:

«…el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.»

En 2 Reyes 14:6 y Jeremías 31:30 podrás encontrar que una persona no deberá pagar por los errores de sus ancestros. La evidencia en contra del pecado original en la forma que lo entiende la Cristiandad es abrumadora.

Más aún, el hecho de que el hombre es creado a imagen de Dios es evidente en las Escrituras y no tan sólo en el capítulo 1 de Génesis sino también se vuelve a afirmar esto en el capítulo 5, después de la caída.

Si el hombre (entendido como el género humano) es creado a imagen y semejanza de Dios, ¿cómo puede entonces nacer depravado debido a su propia naturaleza?

Las enseñanzas divinas del Tercer Tiempo explican esto muy claramente:

«El pecado original no viene de la unión del hombre y la mujer; Yo, el Creador, establecí esa unión diciéndoles a ambos: Creced y multiplicaos.

Esa fue la primera Ley. El pecado ha estado en el abuso que han hecho del don del libre albedrío.»

«Sabéis que Dios dijo a los hombres: Creced y multiplicaos y henchid la tierra.

Esa fue la primitiva ley que se os dio, oh pueblo; más tarde, el Padre no pedirá a los hombres que tan sólo se multipliquen y que la especie siga creciendo, sino que sus sentimientos sean cada vez más elevados y que su espíritu emprenda un franco desarrollo y desenvolvimiento.»

«Mas si la primera ley fue la propagación de la raza humana, ¿cómo concebís que el mismo Padre os aplicase una sanción por obedecer y cumplir con un mandato suyo? ¿Es posible, pueblo, que en vuestro Dios exista una contradicción semejante?»

«Mirad qué interpretación tan material dieron los hombres a una parábola en que tan sólo se os habla del despertar del espíritu en el hombre; por tanto, analizad mi enseñanza y no digáis más que estáis pagando la deuda que por su desobediencia contrajeron los primeros pobladores con vuestro Padre. Tened una idea más elevada de la justicia divina.»

«Yo os he dicho que hasta la última mancha será borrada del corazón del hombre; mas también os digo que cada quien deberá lavar sus propias manchas.»

 

 

Las citas del Tercer Testamento pertenecen al Libro de la Vida Verdadera. Las citas bíblicas están tomadas textualmente de la versión española de Casiodoro de Reina
y Cipriano de Valera