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Vida y Destino


Esta etapa que vivís es pasajera, es un instante en medio de la
eternidad; por eso os aconsejo que la toméis como una profunda lección,
porque es una de tantas que forman el libro de la sabiduría espiritual
que cada uno de vosotros poseerá.


Recoged en esta vida toda la experiencia y méritos que os sea posible
para que acortéis el camino; la senda que tenéis que recorrer es larga
y es menester que apresuréis el paso.


No arraiguéis en la Tierra más de lo que os dicte vuestra conciencia;
tomad con medida los frutos que os ofrece para que podáis vivir también
para el adelanto espiritual.


Esta vida con toda su belleza, con toda la riqueza que os presenta,
es sólo un débil reflejo de aquélla que viviréis en otros valles de
mayor perfección.


Os he dado la Tierra por habitación temporal y al encarnar habéis
formado parte de esta Humanidad; mas para que seáis el timón de la
carne que dirija sus pasos y ella, como dócil barquilla, deje conducirse
en este gran océano, os he dado la luz del espíritu para que sigáis
a través de la ruta que os he trazado, obedientes siempre a las señales
que marcan vuestros destinos, hasta llegar al puerto que os espera.

De la vida

Vosotros que no amáis la vida porque la llamáis cruel, mientras no reconozcáis la importancia de la conciencia en el hombre ni os dejéis conducir por ella, nada de verdadero valor encontraréis.

Es la conciencia la que eleva el espíritu a una vida superior por sobre la materia y sus pasiones. La espiritualidad os hará sentir el gran amor de Dios, cuando logréis practicarla; entonces sí comprenderéis la importancia de la vida, contemplaréis su belleza y encontraréis su sabiduría. Entonces sabréis por qué la he llamado vida.

Buscad a los que os aman y a los que os aborrecen, amad la vida a la que habéis llamado cruel sin saber que es como un libro abierto, lleno de sabiduría para vosotros.

Sabed conmoveros con las alegrías así como con las penas de los demás; ved en cada ser humano a un maestro y sentíos vosotros mismos un símbolo viviente del bien, no del mal, porque según vuestras obras en la vida así será el símbolo que representéis.

Discípulos amados: Estos tiempos son de justicia para la Humanidad; el plazo está cumplido para que empecéis a pagar vuestras deudas. Estáis recogiendo la cosecha de las siembras pasadas, el resultado o consecuencia de vuestras obras.

El hombre tiene un tiempo para hacer su obra y otro para responder de lo que hizo; este último tiempo es el que vivís, por eso todos sufrís y lloráis. Así como vosotros tenéis un tiempo para sembrar y otro para cosechar, Dios también tiene uno que os concedió para cumplir su Ley y otro para manifestar su justicia.

Son tiempos de justicia en que debéis meditar sobre vuestro destino, para que a través de la meditación y de la espiritualidad escuchéis la voz de la conciencia, que no confunde ni engaña y sí os conduce por el sendero de la paz.

Del destino

El destino tiene la piedad que Dios ha puesto en él, el destino de los hombres está lleno de la bondad divina.

Vosotros no encontráis muchas veces esa bondad porque no la sabéis buscar.

Si dentro del destino marcado por Mí a cada espíritu vosotros trazáis un camino duro y amargo, Yo trato de endulzarlo, mas nunca de aumentar su amargura. En la vida los hombres se necesitan los unos a los otros, ninguno está de más y ninguno está de menos. Todas las vidas son necesarias las unas a las otras para el complemento y la armonía de su existencia.

Los pobres necesitan de los ricos y éstos de aquéllos. Los malos necesitan de los buenos y éstos de los primeros. Los ignorantes necesitan de los sabios y los que saben, de los que ignoran. Los pequeños necesitan de los mayores y éstos a su vez necesitan de los niños.

En este mundo, cada uno de vosotros está colocado por la sabiduría de Dios en su sitio y cerca de quien debe estar. A cada hombre le es asignado el círculo donde debe habitar, en el cual hay espíritus encarnados y desencarnados con los que debe convivir.

Así, cada quien en su camino, todos vais encontrando a los que os han de enseñar el amor que os eleva, otros recibiréis el dolor que os purifica. Unos os harán sufrir porque así lo necesitáis, mientras otros os darán su amor para compensar vuestras amarguras, pero todos tienen un mensaje para vosotros, una enseñanza que debéis comprender y aprovechar.

Buscad en cada uno de vuestros hermanos la parte buena que os presenta para que aprendáis de él, así como la parte mala para que le ayudéis a elevarse y de esa manera iréis por el camino, ayudándoos los unos a los otros.

Cada ser humano es una lección, una esperanza de amor o desamor que al fin os da su verdad, dulce o amarga; y así iréis, de lección en lección, a veces aprendiendo y a veces enseñando, porque también debéis entregar a vuestros hermanos el mensaje que hayáis traído a la Tierra.

¿Por qué habéis despreciado a vuestros semejantes que el destino ha puesto en vuestro camino? Les habéis cerrado la puerta de vuestro corazón sin saber la enseñanza que os traían.

¡Cuántas veces habéis alejado de vosotros precisamente a quien traía un mensaje de paz y consuelo a vuestro espíritu, y luego os quejáis cuando sois vosotros los que habéis llenado vuestro cáliz de amargura!

La vida tiene cambios inesperados y sorpresas, y ¿qué haréis vosotros si mañana tenéis que buscar ansiosamente a quien hoy orgullosamente desechasteis?

Mientras el egoísmo exista, el dolor también existirá. Cambiad vuestra indiferencia, vuestro egoísmo y vuestro desprecio por amor, por caridad y veréis cuán pronto os llegará la paz.