El lenguaje superior del espíritu.

He aquí al Espíritu de Verdad en esplendor, irradiando y comunicándose desde 1884 a través del entendimiento humano de mis portavoces y mi palabra es la misma semilla de amor que siempre he sembrado en vosotros.

Comprended que el Espíritu de Verdad es Cristo, Jehová, Abba o Alláh o el nombre que queráis darme, dándoos lecciones desde la más sencilla hasta la más espiritual y elevada.

Dios jamás ha fundado religión alguna.

Entended que para Mí todas vuestras grandes religiones son sectas; entended que Yo no vine en ningún tiempo a fundar religión alguna, vine a poneros ejemplos de amor y de misericordia. Tampoco penséis que vengo a corregir línea por línea vuestros textos que erróneamente llamáis sagrados, tergiversados algunos y falsos los más. No pretendáis convertirme en sostenedor o corrector de biblias ni de alcoranes o de escrituras de eras remotas.

Os he dicho que todas las sectas andan confundidas pero también os he dicho que todas ellas han tenido un origen elevado y que sobre todas ellas flotan todavía vestigios o huellas de altura, de pureza, de paz, de rastros míos o de mis enviados.

Esta etapa cesará como os anuncié desde su inicio, el último día de 1950 para dar paso a la comunicación directa de Espíritu a espíritu, pues he venido a conversar con vuestro espíritu, como en el Más Allá converso con los ángeles. Yo seguiré enseñándoos en un lenguaje superior que es el del espíritu.

Los límites de la reducida mente humana, y los alcances de la mente del espíritu.

No hay más que una sola armonía universal y sagrada, una sola fuerza suprema, una sola esencia creadora de todas las cosas grandes y pequeñas, pero toda esa inefable sublimidad no la podéis definir ni representar porque no la podéis entender ni abarcar con vuestra reducida mente humana.

Tampoco vuestros lenguajes y dialectos pueden expresar lo divino ni definir lo indefinible con vuestros limitados términos. Ninguno de vuestros idiomas tiene las palabras dignas y propias para manifestar exactamente lo que es de Dios, lo que es fragancia de Su esencia, lo que es verdaderamente Su divinidad.

Para las cosas del espíritu vuestros idiomas son pobres, son menos que los dialectos primitivos para quienes son conocedores de las lenguas de hoy.

El porqué de metáforas y parábolas. Jesús hablaba en arameo, nunca en griego ni latín.

Por eso en todos los tiempos he tenido que hablaros con metáforas, con parábolas, con perífrasis, con sencillez y de diversos modos, pero ya lo veis, aún hablándoos así, poco me entendéis porque os falta, por vuestra propia negación, la bella y diáfana voluntad para percibir las delicadas sensaciones de la alta espiritualidad.

Confundís a vuestro espíritu, ¡oh, hombres de muchas palabras, de muchas lenguas y de muchas creencias, pero de muy pocas obras amorosas!

Veo siempre riñendo a los teólogos de vuestras múltiples sectas y religiones por el significado de vuestros vocablos, aun cuando durante mi manifestación en Jesús os hablé muchas veces dentro de los términos y las costumbres con el lenguaje humano del pueblo en que me movía, como hoy lo hago manifestándome en vuestro propio idioma, pero la esencia que enseña mi Doctrina y mi ejemplo es una y es inalterable, no obstante lo cual pasa inadvertida para vosotros porque tenéis endurecido el corazón y muy cerrada vuestra mente.

Los idiomas humanos, laberintos de incomprensión.

La Humanidad ha hecho de sus propias creaciones laberintos y más laberintos de incomprensión y de presuntuosa necedad. Algunas de esas creaciones son sus idiomas.

Los animales se entienden y las aves cantan en todos los confines de la Tierra con la misma y atractiva sencillez y uniformidad. Las fieras al rugir dan las gracias a Mi Padre, pero vosotros en las noches os dormís maldiciendo, y os levantáis en la mañana siguiente odiando, y camináis renegando de todo y sin entenderos los unos con los otros.

Todas las especies de creaturas que conocéis cumplen sus misiones mejor que el hombre y se entienden mejor que el hombre. ¿Por qué es esto?

Porque todas sienten la Ley Divina mejor que vosotros, y porque vosotros, ya os lo he revelado, habéis invadido, os habéis entremetido en los dominios que no os pertenecen y mucho habéis echado a perder a vuestro alrededor para vuestro perjuicio.

Comprended que hay un solo idioma universal y es el del amor, con el cual podéis comunicaros con todos los elementos de la Creación, sean estos grandiosos o diminutos.

Los dominios del espíritu.

Si habéis empleado algunas de vuestras ciencias para analizarme y juzgarme, ¿no es parece más razonable y sencillo que las uséis para analizaros a vosotros mismos y que sigáis con vuestros estudios hasta llegar a deshacer el imperio de vuestras frívolas costumbres, de turbios materialismos?

Vuestros dominios son los del espíritu, los de las energías vibrantes de vida luminosa, mas habiéndoos salido de esas dimensiones, habéis penetrado a la materialidad, y a ésta la habéis corrompido porque no la entendéis.

La imitación de Jesús

Yo vengo a enseñaros cómo, aún dentro de los estados de la materia en que os encontráis, podéis también armonizar con el espíritu transformando vuestro paso por el mundo en bellísimo progreso que os dará aquí en la Tierra y más allá, cuando dejéis vuestro cuerpo, sorprendentes y gratas sensaciones.

¿Cómo? Imitando a Jesús. Él, el humilde rabí de Galilea, fue la encarnación del amor más grande que el mundo ha conocido.

Mas ¿cómo imitar a Jesús? Amando a vuestro semejante como a vuestro propio hijo, como a vuestra propia madre, como a vuestro propio hermano. Todo lo demás os vendrá por añadidura.

Amándolo todo, bendiciéndolo todo en el Nombre de Dios; respetando la vida material de todos los seres y amándolos también con suaves ternuras; he ahí, párvulos míos, cómo podéis ser un pequeño Jesús en la Tierra, un discípulo del Cristo aquí, y un espíritu de luz en el Más Allá que retorna feliz a los campos que le pertenecen, para ocupar su lugar en los sublimes designios de su Padre.

Si así lo hiciereis no volveriais a encarnar en este mundo en el que sufrís por no estar en el ámbito que os es connatural; ascenderiais rápidamente y cumpliriais con inmensa alegría las altas y delicadas misiones espirituales que os corresponden en el gran todo universal.

La falsa denominación de Dios-Hombre y Dios-Hijo.

El Jesús que muchos de vosotros los hombres llamáis, indebidamente Dios-Hombre o Dios-Hijo, dijo a quienes le rodeaban en ese Segundo Tiempo: "Nada soy, nada sé, nada tengo, nada puedo, sino en el nombre del Padre y conforme a Su divina Sapiencia y voluntad."

¿Y sabéis por qué, sin ser Dios, Jesús todo lo podía, hijos míos? Dicho está: Porque fue obediente, porque era siervo de mi Ley, porque en ella y por ella vivía y en ella gozaba.

Quien se aparta de la Ley espiritual y superior cae bajo el dominio de las leyes inferiores o materiales de las que vosotros los humanos, muy poco sabéis.

El poder de la obediencia a la Ley. Lo sobrenatural no existe.

Mas, quien obedece, quien permanece armónicamente dentro de la Ley Suprema, está superlativamente encima de las reglas que vosotros llamáis naturales, y también, evidentemente siente, comprende, sabe más, mucho más de lo que sienten, comprenden y saben los que solamente tienen vuestros conocimientos científicos, religiosos o de cualquier otro aspecto humano, pequeño, limitado, mutable y pasajero.

He aquí por qué Jesús y otros menores que Jesús os han asombrado con lo que vosotros llamáis milagros, mas en verdad os digo, Humanidad, que no hay milagros, no hay nada contradictorio en lo divino, no hay nada sobrenatural; nada hay que esté más allá ni que tenga más potencia que la verdad patente y latente que en todas partes existe y que es el poder máximo, la esencia suprema y creadora del amor divino.

¿Qué otra cosa tenía Jesús sino amor?

¿Cuáles ciencias, exorcismos o prácticas externas o misteriosas empleó Jesús para dejaros sus más grandes ejemplos de poder y sabiduría, sino la gran ciencia de la dulzura de Su Espíritu con la que todo lo hacía?

Nada hay, contradictorio en las leyes del Padre, sencillas por sabias y sabias por amorosas.

Las travesuras y desobediencias del espíritu, la causa del dolor.

Lo único contradictorio para vosotros a la ley de amor del Creador Universal, es vuestro travesear inoportuno de creatura desobediente, de espíritus que han hecho mal uso de la libertad que le da el amor, es decir, de su libre albedrío, y así como están llorosos vuestros niños descontentos o enfermos, así estáis vosotros en un continuo llorar por vuestros sufrimientos que no son otra cosa que el resultado natural de vuestras travesuras y desobediencias al amor celestial, y esto que es tan sencillo de entender porque al alcance de vuestro análisis está, os negáis a considerarlo y estudiarlo como verdad profunda, como gran gran realidad.

El caos en el Cosmos, producto de la desobediencia.

Al disturbar con vuestra desobediencia y rebeldía el orden perfecto de la Creación, este rincón del Cosmos al que llegasteis fue conmovido perdiendo su equilibrio, y vino a ser ese caos que formasteis, el que aún estremece los astros y los mundos contenidos en el plano que os halláis, y quedasteis sujetos a vuestro limitado concepto del tiempo y de la Naturaleza, atrapados en los grados inferiores de la gran escala universal.

La formación del planeta Tierra. La preparación de los cuerpos donde habrían de encarnar los espíritus pioneros.

Humanidad amada: Yo preparé este planeta para que fuese vuestra morada como espíritus encarnados, y antes de enviaros preparé este mundo con gracia, con amor y sabiduría, para aquellos de mis hijos que necesitaran de una forma corpórea con la cual habitar en mundos materiales para evolucionar.

Y antes de enviar a encarnar a los primeros espíritus de vuestro grupo, se inició la preparación de los cuerpos primigenios, cuerpos que fueron dotados con semilla de perfección acorde con las leyes divinas, aunque en su primitivismo y su incipiente evolución no habían llegado a ser capaces aún de albergar y manifestar un espíritu.

A todo espíritu desobediente, sea encarnado o sin cuerpo material le llegan sus principios y fines de etapas de vida, y esta sucesión de fines y de principios de vuestras edades, las habéis interpretado de tantos modos que os habéis llenado de conjeturas y falsedades.

El hombre: Varón y varona.

La unión de la carne humana con el espíritu Yo la hice. Así formé al varón y la varona, al primer hombre, a quien desde un principio le revelé mi Ley por medio de diferentes manifestaciones, para hacerle reconocer el amor que debe guardar a su Señor y a sus semejantes.

Desechad la adulteración en vuestras escrituras que contiene la falsa afirmación de que primero fue creado el varón y hasta después vino a ser la varona. Entended que cuando os hablo del hombre, me refiero siempre al género humano en su integridad, femenina y masculina.

El Creador puso al hombre en un mundo cuya naturaleza evoluciona sin cesar, siempre tendiendo hacia la perfección; mas los hombres, habitando en el seno de esta misma naturaleza, no evolucionan en armonía con ella, porque como había sucedido en su pasado espiritual, no se propusieron como meta su mejoramiento ético y moral, no aspiraban al perfeccionamiento de su espíritu que es la esencia y la razón de su existencia.

En mi amor por mis criaturas, deposité en las entrañas del planeta como también en su superficie, en todo él, los elementos necesarios para vuestra vida, para la conservación, el placer y la satisfacción de mis hijos, para que descubrieseis en el seno de esta naturaleza todas las fuentes de vida, todo lo que pareciera envolverse en el misterio o guardado en profundo arcano; os di talento, os iluminé y os entregué el don de la ciencia, para que mediante ese talento y conforme a vuestras necesidades, evolución y pruebas, fueseis la fuente inagotable de vida y de sabiduría.

La simiente de Israel.

Israel no es una raza o linaje alguno; existe desde antes de la alborada de vuestra creación.

Mirad que el punto de partida de Israel se dió en lo espiritual, en lo sublime, y data desde antes de que Yo enviara al primer hombre a la Tierra, encarnando el espíritu en un cuerpo dispuesto previamente por la sabiduría divina.

De esa legítima progenie, se formó una familia de la cual Yo habría de tomar, eras después, la simiente para formar mi pueblo fuerte en la fe, en la obediencia y en el amor al Dios invisible e indivisible y que es la bendita simiente de Abraham. Así preparé y bendije a Israel, mi pueblo, para dejarlo como un faro en medio de la Humanidad.

Sabed que los verdaderos espíritus israelitas se encuentran en toda raza, nacionalidad y condición humana. Son aquellos que aman la verdad, que cumplen la Ley divina, son los que aman a Dios en sus hermanos.

Elías fue quien le dió a la Tierra su ambiente espiritual,

El espíritu de Elías vibra en todo el Universo iluminando a todos los mundos, todos los senderos y todos los espíritus, y cuando fue llegado el momento, obedeciendo mi mandato él dotó a vuestro planeta del ambiente espiritual indispensable para ser una morada temporal que le fuera provechosa al hijo pródigo.

Y no os asombre el saber que cada uno de vosotros es ese hijo pródigo.

El simbólico Jardín del Edén.

Todo lo dispuse para que aquellos espíritus que por mi divina voluntad iban a tomar forma corpórea y habitar mundos materiales, encontraran una morada perfecta.

Fue mi voluntad que ellos disfrutaran de cuanto poseían, que supieran amarme y recibir mis caricias. Así, a cada paso y en cada obra, descubrirían la huella de su Padre y la ternura de la Madre celestial.

Como buen sembrador preparé la tierra y deposité la semilla de vida para fecundarla y hacerla germinar.

De la unión del espíritu y la materia por Mí preparada habría de surgir el hombre, en la forma de varón y varona, dotados ambos de un destello divino: la conciencia simbolizada en Adán, el varón y en su compañera, la mujer, la ternura maternal en representación de la divina.

Los intrusos desobedientes. El mal uso de la facultad creativa.

Mas sucedió muchas eras atrás, en que un cierto número de espíritus que como vosotros escogieron alejarse más de su amoroso Padre, al intentar ahogar totalmente el llamado divino que todavía sentían en su interior, descendieron aún más y llegaron como intrusos a los planetas materiales, los examinaron sin respeto con su ya enraizada curiosidad y desobediencia, y planearon muchas cosas.

Después de un largo peregrinaje llegaron con sus lacras y con sus falsas certezas también a la Tierra; llegaron en formas creadas por ellos mismos, no completamente sutiles ni completamente materiales, porque los dones espirituales, y dentro de éstos se encuentra la facultad de crear, no se le retira a un espíritu, aun cuando haga uso equivocado de ellos.

Después de forjar planes y más planes, estos desobedientes acordaron crearse por sí mismos su propia e imperfecta envoltura corpórea.

Como había ocurrido en cada uno de sus descensos anteriores, falsamente supusieron llegar a ser más felices y poderlo todo, erigiéndose como entes superiores en este planeta, con la ambición de vivir eternamente con la Tierra a su disposición y bajo su total voluntad y dominio, desconociendo y negando la ley de la evolución universal.

La torpe imitación de los cuerpos legítimos.

Haciendo alianza entre ellos, plasmaron, aportaron, esbozaron cuerpos ilegítimos, deficientes y malogrados, tomando de las atmósferas y de los espacios a su alrededor, de manera irrespetuosa e insensata los elementos materiales que consideraron necesarios para darle forma a esos cuerpos, tratando de imitar de manera torpe a los primigenios cuerpos legítimos que ya habían comenzado a existir previamente en la Tierra, incipientes cuerpos aún en el proceso gradual evolutivo para llegar a hacerse aptos de cumplir su misión, que es la de apoyar al espíritu en su evolución y perfeccionamiento por medio del linaje humano.

Acerca de los hijos e hijas de los hombres mencionados en el Libro de Génesis.

Pero he aquí que esa porción de espíritus desobedientes de las que os hablo, en su insensatez y obcecación decidieron adentrarse en aquellos burdos cuerpos que habían formado con el propósito de olvidar al Padre, tal y como hoy os adentráis en los vicios porque debilitándoos, os acobardáis y os cubrís de vergüenza.

Al formar aquellos primeros cuerpos defectuosos y adentrarse en ellos, se turbaron aún más aquellos pobres seres, disminuyendo por lo mismo los pocos poderes que les quedaban, opacando más y más las pocas luces y el poquísimo amor que muy recóndito les quedaba como vago recuerdo, como grato reflejo lejano de su delicado origen espiritual.

De la clemencia divina y los primeros espíritus guardianes.

Después de la llegada de esos espíritus rebeldes sobre la faz de la Tierra en tiempos muy remotos como os lo he revelado, y no como os lo plantean las hipótesis de vuestros hombres de ciencia de corto racionalismo y escasa intuición, Dios en Su amor paternal intervino sutilmente en esos imperfectos y mal copiados cuerpos para evitarle a esos hijos daños aún mayores.

Fue así que la misericordia del Padre dispuso que algunos de aquellos espíritus del primer grupo, de aquellos que habían regresado arrepentidos a la vera del Padre, y que retomando el camino de la obediencia habían llegado a ser a semejanza de los ángeles, descendieran a las moradas inferiores para velar por sus hermanos descarriados para actuar como sus espíritus guardianes.

A esos pequeños extraviados mi clemencia del Padre les otorgó, dentro de aquellas condiciones de su vida ofuscada, nuevas oportunidades para su rectificación y para su arrepentimiento, con el propósito de iniciar con ello su retorno al camino del progreso espiritual y darles la luz y fuerza espirituales para elevarse a las mansiones superiores.

Dos humanidades simultáneamente en la Tierra: Una de origen divino y la otra ilegítima.

Fue entonces que hubo en la Tierra dos humanidades conviviendo simultáneamente: Una, surgida de la desobediencia y la impostura, la de aquellos que en vuestras escrituras fueron nombrados como hijos de los hombres, que al formar aquellos primeros cuerpos humanos y adentrarse en ellos, más se opacaron, más disminuyeron sus facultades espirituales, y la otra humanidad, fruto de la divina providencia para cumplimiento de la ley de reencarnación, dentro del amoroso plan del Padre para la redención de los hijos pródigos; los hijos de esta Humanidad, fueron llamados en épocas ancestrales hijos del cielo o hijos de Dios, fueron la semilla de esta Humanidad que habría de evolucionar continuamente hasta vuestros días.

Los guardianes imprudentes. El comienzo de la degeneración en la raza humana.

Sucedió después, que los llamados hijos de los hombres se multiplicaron en esos días, y les nacieron hijas, criaturas bellas y de gran encanto, y decidieron atraer y seducir a los que eran a semejanza de ángeles.

Y cuando algunos de los guardianes que habían encarnado con diversas misiones entre los hijos del cielo y de los hombres las vieron, se prendaron de ellas, diciéndo entre sí: "Vamos, seleccionemos para nosotros mismos esposas de la progenie de los hombres, y engendremos hijos de ellas".

Entonces esos guardianes imprudentes descuidaron su delicada misión, tomaron esposas, eligiendo cada uno esposa para sí mismo, y se acercaron carnalmente a ellas, y de esas uniones las mujeres concibieron hijos de gran estatura, poseídos de grandes apetitos carnales y bajos instintos y pasiones.

La degeneración, el empeoramiento de la raza humana se inició en la Tierra como consecuencia de los actos de aquellas mujeres y de la debilidad de los guardianes negligentes.

Los gigantes descritos en las escrituras.

Y éstos comenzaron a herir por malicia y con ferocidad a todo lo viviente, los seres humanos, las aves, fieras, reptiles y peces, arrasando con plantas y árboles. Fueron ellos los gigantes de los cuales hablan vuestros escritos antiguos.

Entonces la Tierra comenzó a clamar a los cielos contra estas injusticias.

Debido a que caminaron con dureza en su corazón, los vigilantes del cielo cayeron, sí, fueron sorprendidos con ello porque no guardaron los mandatos de Dios. Así sucedió también a sus hijos, cuyos cuerpos fueron tan grandes como montañas.

El Diluvio purificador.

Entonces permití que se llevara a cabo una gran purificación. Sólo sobrevivieron Noé y su familia así como los escasos creyentes del Dios único, en varias partes de la superficie de la Tierra y de sus profundidades, y ellos fueron la simiente, el principio de un nuevo mundo. Yo pacté con el varón justo y el iris de paz apareció, en señal de alianza; en vuestras más ancestrales culturas quedaron reminiscencias de esa purificación, convocada no por designio de vuestro Padre sino por la consecuencia de la desobediencia a Sus mandatos.

Humanidad: Ya os he revelado que desde entonces. muchos de vosotros han regresado a las alturas perdidas, mas otros siguieron cayendo y degenerando aún más sus materias.

Es debido a que yo os permití encarnar en esos cuerpos perfectos que mi Providencia había preparado para ayudaros en vuestra evolución, que los más de vosotros habéis pedido regresar a esos cuerpos las veces necesarias para restituir y corregir errores, lo que se os hace muy pesado y difícil cuando solamente os encontráis en espíritu.

Mas debo deciros que, aún hoy, al entrar nuevamente a la carne os volvéis a extraviar, influenciados por aquellas vibraciones del mal que quedaron flotando en el ambiente hasta vuestros días, manifestadas en inicuas e inmorales costumbres que trajeron aquellos hijos desobedientes desde su primera caída, caída que se dio en su espíritu y no en la materia inocente.

Y en este tiempo, aún os volvéis a olvidar del Padre, pero Él os vuelve a dar Su indulgencia en la carne y en el espíritu, sin importar el lugar en que os encontréis.

El ser humano, formado por tres naturalezas. La carne no peca.

De mi Divino Espíritu brotan las tres naturalezas de las cuales está formado el ser humano: la divina, la espiritual y la material.

Lo divino está unido a lo espiritual y lo espiritual a lo material; todo es una cadena de amor y armonía, todo es un continuo.

No culpéis de vuestros errores a la carne, porque no es vuestra carne la pecadora; no son vuestras células materiales las que se equivocan u os inducen al error; es el libre albedrío de vuestro espíritu, sordo a la voz de la conciencia el que irradia sobre vuestros cuerpos moldéandolo, como también lo hace vuestra ignorancia, actuando como rayos de tiniebla, de confusión embriagadora, de dolor y de muerte como la entendéis vosotros, porque habéis invertido el sentido verdadero de las realidades materiales y espirituales.

No tenéis delicadeza espiritual y por eso no sentís la irradiación divina que en todas partes vibra y eternamente despide sus destellos y energías saturando a todo el Universo.

En verdad os digo que cuando morís a la carne, estáis más vivos que dentro de las mazmorras en la que habéis convertido a vuestros cuerpos, los que acabáis enfermando por vuestros diversos erróneos peregrinajes, presentes y pasados.

La carne en vosotros es tan sólo uno más de tantos instrumentos a disposición de vuestro espíritu para su evolución y progreso espiritual.

Ved cómo el incondicional amor divino que es la sabiduría verdadera, siempre salva a los espíritus a pesar de que éstos degeneran sus instrumentos, sus casas de escondite, sus carnes.

El espíritu humano hoy, más avanzado a pesar de las debilidades.

Mas en la exuberante ciencia divina, todo está previsto; muchos de vosotros, mis amados, aunque estáis aparentemente más pequeños y débiles en carne que antes, más adelantados que ayer estáis, en espíritu y en verdad.

Por eso vengo a hablaros con mayor claridad, con mayor verdad, porque ya podéis recibir luces más delicadas; lo merecéis, mis hijos, y ¿cómo podría mi amor daros menos que ayer, si habéis aprendido y entendido más hoy a costa de vuestras propias amarguras?

La experiencia en la amargura es también fuente de sabiduría si es que queréis aprovecharla, porque de lo contrario, podréis seguir sufriendo mucho sin extraer el jugo de la enseñanza del dolor.

En el pasado, vine y mi vibración de amor fue en Jesús y me senté a la mesa con los pecadores, bendije sus vinos y curé sus lepras, porque todo eso les hacía falta, porque eran así sus fanáticas costumbres y sus arraigadas tinieblas, y dentro de ellas sembré la verdad; mas hoy, estoy en Espíritu dando la luz en las palabras y en la inspiración para ampliaros esa misma verdad.

En estos tiempos muchos estarán Conmigo, muchos más que en los tiempos anteriores, porque quien siente más, sabe más. Otros no estarán aún Conmigo, aunque Yo siempre estaré con ellos, esperando que despierten de su sueño de siglos y de su pereza espiritual, pero más tarde vendrán a Mí.

Ese es vuestro verdadero e inexorable destino.

Formad humildes instituciones de amor, de mutua ayuda, de enseñanza y bondad basadas em el verdadero principio cristiano, instituciones espirituales, pero no olvidéis que ninguna de vuestras obras será duradera si no descansa sobre la base inconmovible del amor sentido hacia todo lo creado que veis, y aun hacia lo que no veis, pero que sentís o presentís en el silencio en los momentos de vuestras más profundas y serias meditaciones.

¡Mi paz sea con vosotros!