Semana Santa: Cómo debemos recordar el sacrificio del Divino Maestro
1 Es día de recordación en el que las diferentes religiones congregan a las muchedumbres hambrientas de la palabra de Dios. Ved cómo cada una de ellas conmemora en forma diferente la pasión de Jesús.
2 Día de recordación en el que el corazón del hombre, alejado por un instante de los placeres materiales, presiente que su destino no termina en este mundo, sino que, a semejanza de Jesús, tendrá que recorrer la calle de la amargura en esta vida, para elevarse a la diestra del Señor.
3 ¡Cuán pocos son los que, sin ritos ni representaciones, saben revivir en su corazón la pasión del Maestro! Vosotros, espiritualistas que me escucháis a través del entendimiento humano, no esperéis que venga a revivir aquel drama bajo la forma de una materialización; sólo os concederé que, a través de mi palabra, recordéis las obras y enseñanzas que en aquellas horas os di. Nuevamente están los discípulos Conmigo y les he dicho: ¡Velad y orad, estad alerta ante las acechanzas de la tentación, mirad que la carne es débil!
Amaos los unos a los otros”: El primer y último Mandamiento
4 Si en aquel tiempo os dije que un nuevo mandamiento os iba a entregar al deciros "Amaos los unos a los otros", hoy os digo que ese mandamiento sigue siendo el primero y el último.
Parusía: El advenimiento anunciado
5 Dije a mis discípulos en el Segundo Tiempo: "Muy pronto no me veréis porque me voy al Padre, mas pronto estaré nuevamente entre vosotros, porque os enviaré al Consolador, al Espíritu de Verdad".
6 Y también les hablé sobre todo cuanto acontecería en esos últimos días de mi estancia en la Tierra, cómo sería mi Pasión y mi sacrificio, revelándole a la Humanidad el futuro espiritual de los hombres, y les anticipé lo que habría de acontecer en las naciones que existían desde aquellos tiempos, hasta las que existirían en el tiempo señalado para mi nueva manifestación, a la que llamáis la Nueva Venida o Advenimiento.
7 Y heme aquí, discípulos del Tercer Tiempo, cumpliendo mi palabra y mi promesa.
Judas
8 Cuando se acercaba la hora y la cena había concluido, Jesús había hecho a Sus discípulos las últimas recomendaciones. Se encaminó al Huerto de los Olivos, donde acostumbraba orar, y hablando al Padre le dijo: "Señor, si es posible, aparta de Mí este cáliz; mas hágase Tu voluntad".
9 Entonces se acercó aquél de mis discípulos que habría de entregarme, acompañado de la turba que iba a aprehenderme. Cuando aquéllos preguntaron "¿Quién es Jesús, el Nazareno?", Judas se acercó a su Maestro y lo besó.
10 En el corazón de aquellos hombres hubo temor y turbación al contemplar la serenidad de Jesús, y volvieron a preguntar: "¿Quién es Jesús?" Entonces, adelantándome hacia ellos, les dije: "Heme aquí, Yo soy". Ahí comenzó mi Pasión.
11 Me llevaron ante pontífices, jueces y gobernadores; me interrogaron, me juzgaron y acusaron de infringir la ley de Moisés, y de querer formar un reino que destruyese al de César.
12 ¡Cuántos corazones que días antes habían admirado y bendecido mis obras, olvidándose de ellas, se tornaron ingratos y se unieron a los que blasfemaban contra Mí! Mas era menester que fuera muy grande aquel sacrificio, para que no se borrara jamás del corazón de la Humanidad.
13 El mundo, y en él vosotros, me vió ser blasfemado, escarnecido y humillado hasta donde ningún hombre haya podido serlo; mas Yo apuré con paciencia el cáliz que me disteis a beber. Paso a paso cumplí mi destino de amor entre los hombres, dándome todo a mis hijos.
14 Bienaventurados los que, a pesar de ver ensangrentado y jadeante a su Dios, creyeron en Él.
El Gólgota: La lección perfecta
15 Mas algo mayor aún me esperaba: morir clavado en un madero entre dos ladrones; pero escrito estaba, y así debía cumplirse, para que Yo fuese reconocido como el Mesías verdadero.
16 Cuando desde lo alto de la cruz dirigí mis últimas miradas a la multitud, contemplé a María, y le dije refiriéndome a Juan: "Mujer, he ahí a tu hijo", y a Juan: "Hijo, he ahí a tu Madre".
17 Juan era el único en aquella hora que podía entender el sentido de aquella frase, porque las turbas estaban tan ciegas, que cuando les dije "Sed tengo", creyeron que era sed del cuerpo y me acercaron hiel y vinagre, cuando era sed de amor la que experimentaba mi Espíritu.
18 También los dos malhechores agonizaban junto Conmigo, y mientras uno blasfemaba y se hundía en el abismo, el otro se iluminaba con la luz de la fe, y a pesar de ver a su Dios enclavado en el ignominioso madero y próximo a expirar, creía en su Divinidad y le dijo: "Cuando estés en el Reino de los Cielos, acuérdate de mí", a lo cual respondí, conmovido por tanta fe: "En verdad te digo que hoy estarás Conmigo en el Paraíso".
19 Nadie sabe las tempestades que se agitaban en esa hora dentro del corazón de Jesús; los elementos desencadenados eran sólo un débil reflejo de lo que en la soledad de aquel hombre pasaba, y era tan grande y tan real el dolor del Espíritu Divino, que la carne, sintiéndose por un instante débil, exclamó citando a David: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
20 Si enseñé a los hombres a vivir, también les vine a enseñar a morir perdonando y bendiciendo, aun a los mismos que me injuriaban y martirizaban, al decir al Padre: "Perdónalos, que no saben lo que hacen".
21 Y cuando el espíritu abandonaba esta morada, dije: "Padre, en vuestras manos encomiendo mi espíritu". La lección perfecta había concluido. Como Dios y como hombre había hablado.
Pueblo: Es tiempo de preparación, purificación y cumplimiento
22 Mas aquí me tenéis, pueblo, como os lo prometí. No vengo en materia, o sea, en carne, sino en luz, y os digo: El tiempo en que para sembrar mi semilla había que regarla con sangre, ha pasado; mas a cambio de ella, ¡cuánto tendréis que purificaros y prepararos!
23 Os estoy entregando mi nuevo mensaje, para que él os facilite comprender toda mi revelación anterior.
24 Inspirados por la luz del Espíritu de Verdad, iréis paso a paso sembrando esta Doctrina, haciéndola oír al sordo, haciéndola contemplar al ciego.
25 Sufriréis, como el Maestro, escarnios, calumnias y humillaciones; seréis burlados por los mismos vuestros, mas no flaquearéis, porque al momento recordaréis que el hijo del Altísimo, siendo todo poder y sabiduría, no rehuyó las pruebas de los hombres, para con ellas demostrarles Su verdad.
26 He aquí por qué a cada instante os digo: Tomad de mi palabra la fuerza espiritual y moral para vuestra lucha, porque aquél que sea fuerte en el espíritu, tendrá que serlo también en la materia. Y puedo deciros también que hasta llegaréis a veces al sacrificio, como Yo os enseñé a través de Jesús en el Segundo Tiempo.
La vida, la Vía Dolorosa del espíritu
27 Os he dicho en mis enseñanzas que la vida es la Vía Dolorosa del espíritu, y el tiempo de su existencia en la Tierra es su calvario, para que procuréis imitarme, poniendo en práctica mis ejemplos.
28 ¡Dichosos los espíritus que saben llegar con fe y virtud hasta la cima, porque en el instante de desprenderse de la materia experimentan la caricia del Padre como premio a su fortaleza y a su amor! Ésos son los que penetran sin tropiezo en la eternidad.
29 Mi palabra en este tiempo ayudará a los hombres a comprender cabalmente el sentido de mi Ley y mi Doctrina. El cumplimiento que a ellos dé la Humanidad, le proporcionará la felicidad, felicidad del corazón y paz del espíritu, porque la dicha perfecta sólo la encontrará el espíritu en la morada donde él pertenece.
30 ¡Cuántas oportunidades tenéis a cada paso de ser buenos y útiles a vuestros semejantes!
31 Cada hogar es un campo propicio para sembrar mi semilla; cada ciudad y cada pueblo son como tierra sedienta de caridad y amor, y Yo vengo a convertiros en sembradores para que reguéis amor y consuelo en el mundo, y sembréis la paz.
Los medios para el cumplimiento
32 Obras, palabras y oraciones son los medios que debéis y podéis emplear para cumplir la misión de servir y amar a vuestros hermanos.
33 Os he enseñado la oración perfecta, la que es el verdadero idioma del espíritu, la que pone al hombre en comunicación directa Conmigo.
34 Os he dado el don de la palabra, que es expresión de la luz que hay en el espíritu y del amor que atesora el corazón.
35 Pueblo que me escucháis: No digáis que os estoy pidiendo demasiado, cuando Yo sé mejor que vosotros mismos de lo que sois capaces.
36 Hoy os sentís débiles, torpes, impotentes e indignos, porque examináis vuestro interior y descubrís muchas flaquezas, muchas necesidades, que no os dejan sentir el dolor ajeno; pero primero voy a sanaros, a haceros sentir mi paz, a fortalecer vuestro corazón y limpiar vuestro camino; entonces no sentiréis timidez ni tendréis dudas, ni os sentiréis incapaces.
37 Por eso os he dejado escuchándome por un tiempo, fortaleciéndoos poco a poco en mi palabra, sin enviaros aún a las comarcas a cumplir vuestra misión; mas cuando vuestro espíritu se encuentre saturado de mi esencia, no esperará pruebas ni señales para levantarse, porque sabrá recibir por inspiración cuanto deba hacer.
Las promesas cumplidas: Una prueba del amor divino
38 Orad, pueblo, y mientras oráis Yo derramaré mi paz en todos los pueblos de la tierra, bendeciré vuestros hogares e iluminaré vuestros caminos.
39 Os daré una prueba de que es verdad cuanto os he prometido. ¿Qué prueba será esa? La que veáis realizarse en vuestra vida, algo que hace tiempo estáis esperando, algo que para algunos es imposible obtener.
40 A unos les llegará pronto lo ofrecido por Mí; a otros los haré esperar; mas en verdad os digo que no habrá uno que no reciba mi prueba de amor. Cuando esa gracia llegue a cada uno de vosotros, recordaréis mi palabra y aumentará vuestra fe.
41 No desesperéis, no derraméis vuestro llanto, sabed esperar esa hora practicando mi enseñanza, orando y velando.
Pena y dolor: Razón y propósito
42 ¿Veis cómo en estos instantes en que eleváis vuestro espíritu, os olvidáis de vuestras penas y os llenáis de mi paz? Procurad estar siempre delante de Mí; practicad mi Doctrina y veréis prevalecer mi paz y mi luz sobre vuestras vicisitudes y trabajos.
43 Comprended que vuestras penas no son inútiles, sino que tienen como sentido y misión el templaros espiritual y corporalmente, para que podáis formar parte del número de mis sembradores.
44 Los que han de llevar consuelo a los hombres, los que van a levantar a los que han caído, los que van a dar fuerzas a los débiles, tienen que estar iluminados por la luz de la experiencia, tienen que estar fortalecidos en la lucha y en las pruebas. Que no les amedrente ningún cuadro de dolor, que no tiemblen ante la desgracia de un semejante, que no huyan del dolor cuando las manos de sus hermanos se tiendan hacia ellos en demanda de caridad.
45 Allí, entre los que se han endurecido en el vicio y en el dolor, veréis surgir a muchos hacia la luz, buscando la regeneración y la espiritualidad; mas para que esa inspiración llegue a ellos, antes tenéis que depositar en su corazón una verdadera prueba de fraternidad, una acción que sea el rayo de luz que ilumine las tinieblas de aquél que sufre.
46 Comprended, entonces, que el dolor que os ha acompañado en muchas formas, ha sido el cincel que interiormente ha estado modelando vuestro espíritu para el desempeño de una delicada misión.
Tiniebla: La guerra invisible
47 Velad y orad, pueblo, no sólo por los peligros materiales, sino también por las acechanzas que vuestros ojos no alcanzan a distinguir, aquéllas que provienen de seres invisibles.
48 Las grandes legiones de espíritus turbados, aprovechando la ignorancia de la Humanidad, su insensibilidad y su falta de vista espiritual, le hacen la guerra, y los hombres no han preparado sus armas de amor para defenderse de sus ataques, por lo que, ante esa lucha, aparecen como seres indefensos.
49 Era menester que llegara a vosotros mi Doctrina Espiritual, para enseñaros cómo debéis prepararos para salir victoriosos en esa contienda.
50 De aquel mundo invisible que palpita y vibra en vuestro propio mundo, parten influencias que tocan a los hombres, ya sea en su mente, en sus sentimientos o en su voluntad, convirtiéndolos en siervos sumisos, en esclavos, en instrumentos, en víctimas.
51 Por doquiera surgen manifestaciones espirituales y, sin embargo, el mundo sigue sin querer darse cuenta de lo que rodea a su espíritu.
Tiempo de la batalla contra las tinieblas
52 Es necesario entablar la batalla, destruir las tinieblas, para que cuando se haga la luz en los hombres, todos se levanten unidos en una verdadera comunión y, con la oración, triunfen en la lucha que emprendan contra las fuerzas que por tanto tiempo los han tenido dominados.
53 Hombres y pueblos han sucumbido bajo el poder de esas influencias, sin que la Humanidad repare en ello. Enfermedades raras y desconocidas, que son producidas por ellas, han abatido a los hombres y han confundido a los científicos.
54 ¡Cuánta discordia, cuánta confusión y dolor ha acumulado el hombre sobre sí! La falta de oración, de moral y de espiritualidad, ha atraído a los seres impuros y turbados, y ¿qué se puede esperar de los que han partido sin luz y sin preparación?
55 Ahí están aquéllos a quienes habéis engañado y oprimido, a los que habéis confundido y humillado. Sólo confusión y tinieblas os pueden enviar, sólo venganzas pueden ejercer, y sólo reclamos es lo que vienen a haceros.
56 Ahora llamadme brujo y hechicero porque os hago estas revelaciones sobre esas vibraciones del mal, cuando no soy Yo quien las ha hecho, sino que sois vosotros. Yo sólo vengo a salvar a unos y a otros de las tinieblas, del dolor y de la muerte, porque Yo soy la luz que brilla delante de los hombres y delante de las legiones de espíritus turbados, ¿quiénes me reconocerán primero?
57 En el Segundo Tiempo, habiendo liberado a un poseído, los que miraban aquello decían que Jesús tenía pacto con el espíritu del mal; en cambio, el espíritu que atormentaba a aquel hombre me habló diciéndome: Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
58 Sin embargo, también había quienes, maravillados por esas obras, decían: ¿Con qué autoridad y potencia manda a los seres inmundos y ellos lo obedecen? No sabían que ese don está en todos, que esas armas todos las lleváis.
59 Más tarde, mis discípulos repitieron las obras de su Maestro, demostrando con ello que Cristo vino a enseñar a los hombres; que no sólo vino a mostrar Su poder, sino a revelarle a la Humanidad los dones y la potestad que todos poseen.
60 Orad, os dice el Maestro. La oración da lustre y brillo a las armas de amor, con las que debéis conquistar la paz para la Humanidad; hace que despierten las facultades, se sensibiliza el espíritu, la mirada se hace penetrante y el corazón sensitivo.
Oración y virtud: El escudo contra las malas influencias
61 Pueblo: Os he enseñado a libraros y a defenderos de las acechanzas invisibles, a curaros de las enfermedades extrañas, y a libraros de las malas influencias.
62 Mas de cierto os digo que sólo la oración y la virtud os pueden servir como ya os lo he revelado, para salir avante de esas pruebas. Si vosotros inventáis otras prácticas para sustituirlas, seréis víctimas de tales influencias, y en vez de hacer luz en vuestro camino, iréis aumentando las tinieblas. Entonces el mundo os llamará, con razón, hechiceros y brujos, cuando Yo os he dado un don precioso para hacer la luz y la paz en todos los espíritus necesitados.
63 ¿Cuándo lograréis que todo aquel mundo de tinieblas, de sufrimientos y de turbaciones, se convierta en un mundo de paz? ¿Cuándo sabréis atraer sobre vosotros la luz de las altas moradas espirituales para que penetréis, en armonía con todos vuestros hermanos, en la morada que os tengo destinada?
Palabra divina: El antídoto de todo mal
64 Debido a la enseñanza que os he entregado en mi palabra, se han realizado verdaderos milagros entre vosotros. Los espíritus despiertan a un nuevo día, los corazones laten llenos de esperanza; los que no llegaban a ver la verdad, porque su ignorancia era como una venda que les cubría sus ojos espirituales, ahora que ven, quedan maravillados.
65 Los enfermos del cuerpo sanan al recibir en su ser, en su corazón, la esencia de mi palabra.
66 Entonces, surge de lo más íntimo, de lo más puro de este pueblo, una acción de gracias por las obras que hago en él y me dicen: "Gracias, Señor, porque nos habéis hecho dignos de que en nosotros se obren estos milagros".
67 Cuando estos hombres y mujeres se han levantado fortalecidos por mi palabra de amor, de consuelo y sabiduría, han marchado al encuentro de sus hermanos y han hecho prodigios en su camino, muchas veces sin darse cuenta de ello.
68 Con su fe van salvando corazones; con su testimonio van dispersando las tinieblas y despertando a los que se encontraban aletargados; con su intuición van resolviendo los problemas de la vida, y con su fortaleza saben resistir las pruebas. Sus manos van aprendiendo a ungir a los enfermos; su mente va encontrando la forma de analizar mi palabra y con ello se deleita; su oración les va ayudando a desarrollar sus dones que estaban adormecidos y así, caminando paso a paso, van logrando que su Señor siembre de prodigios su camino.
Palabra divina: Fuente inagotable, infinita
69 Los recintos donde mi palabra se manifestó se multiplicaron, siendo cada uno de ellos como una escuela del verdadero saber, donde se congregaban las multitudes que formaban mis discípulos, los cuales llegaban ávidos de aprender la nueva lección.
70 Si cada una de esas congregaciones hubiera dado testimonio de todos los beneficios que de mi caridad habían recibido, no habrían acabado de dar testimonio de esos prodigios.
71 Y si tuvieseis que reunir en un libro cuanto dije a través de todos mis portavoces, desde la primera de mis palabras hasta la última de ellas, sería una obra que no podríais llevar a cabo.
72 Mas Yo he de hacer llegar a toda la Humanidad, por el conducto de mi pueblo, un libro en el que esté contenida la esencia de mi palabra y el testimonio de las obras que entre vosotros realicé. No temáis acometer esta empresa, porque Yo os inspiraré para que en dicho libro queden asentadas las enseñanzas que sean indispensables.
73 ¿Creéis, por ventura, que lo que escribieron mis apóstoles del Segundo Tiempo, fue todo lo que Yo dije en la Tierra? En verdad os digo que no. Fijaos en lo que os dice Juan, mi discípulo: "Hay tantas obras que Jesús realizó, que si se escribiesen cada una de ellas, pienso que en el mundo no cabrían los libros que para ello deberían escribirse".
74 Mirad, discípulos, cómo también a ellos, en el instante de escribir, sólo los inspiré y dejé que recordaran lo que era indispensable que quedara como un testimonio para las futuras generaciones.
Manifestación divina: Privilegio de todos, sentido por unos cuantos
75 He vuelto entre los hombres para acompañarlos en sus pruebas presentes. El Maestro os dice: No os inquietéis cuando conozcáis las señales de mi nueva llegada en plenitud; antes bien regocijaos, porque os he permitido palpar estas revelaciones.
76 Así como en el Segundo Tiempo, después del sacrificio, me presenté en espíritu a Magdalena y ella, sorprendida y al mismo tiempo llena de gozo, exclamó: "¡Señor, loado y glorificado seas por siempre!", hoy he aparecido ante vosotros cuando creíais que el Maestro se encontraba ausente o indiferente a vuestras penalidades.
77 Y después de vuestra sorpresa, me habéis bendecido, habéis recibido en vuestro espíritu mi luz y después de recibir tanta gracia, habéis recordado a vuestros hermanos y habéis intercedido por ellos diciendo: "Yo tengo la dicha de escuchar tu palabra, mientras otros ignoran estas enseñanzas".
78 Y el Maestro os dice: Yo he manifestado mi Espíritu en todas las naciones, en diferentes formas; quienes se han preparado reconocen que están viviendo un tiempo de gracia y de justicia, y han sentido mi presencia.
Ejemplo y buenas obras: Una página que debemos escribir
79 Así como perdoné a Magdalena, os perdono a todos vosotros, mas quiero que, como ella, os hagáis dignos de Mí.
80 ¡Cuántos ejemplos dignos de ser imitados podéis recoger de vuestros hermanos de otros tiempos! Su obra es como un libro abierto. Y vosotros, ¿no queréis dejar escrito vuestro ejemplo?
81 Yo tomaré de vuestras obras aquéllas que encuentre dignas, para presentarlas a vuestros descendientes. Mas no recogeréis, hoy que vivís en materia, gloria ni veneración. Sed humildes y dejad que otros valoren vuestras obras.
Profecía: La nueva era que vivirá la Humanidad
82 En la gran jornada que os espera, Yo seré vuestro Cirineo.
83 Mi Doctrina causará grandes revoluciones en el mundo; habrá grandes transformaciones en las costumbres e ideas, y hasta en la Naturaleza habrá cambios; todo esto señalará la entrada de una nueva era para la Humanidad, y los espíritus que en breve tiempo enviaré a la Tierra, hablarán de todas estas profecías para ayudar a la restauración y elevación de este mundo, explicarán mi palabra y analizarán los hechos.
Exhorto: Aprovechad el tiempo de preparación y meditación
84 En esta era he venido a vosotros resucitando, una vez más, mi palabra entre los muertos a la vida de la gracia. Os llamo así porque en vuestro ser lleváis un espíritu que no ha sabido alimentarse con el pan de la vida y, por tanto, no ha comprendido que él pertenece a la eternidad.
85 Vine para ver la fructificación de la palabra que entregué al mundo en el Segundo Tiempo, y me encuentro con que el mal ha seguido floreciendo y dando su amargo fruto entre la Humanidad.
86 Busco la huella que debió dejar mi sacrificio en el corazón del hombre, mas la sangre que encuentro es la que ha sido vertida por los hombres en sus guerras fratricidas, sangre pecadora en unos, inocente en otros, pero que siempre me habla de odios, de bajas pasiones, de oscuridad espiritual, de muerte.
87 Éste es el mundo al cual vais a enfrentaros, oh pueblo; mas no temáis, porque el espíritu de esta Humanidad ha evolucionado mucho, y si sabéis dar consejos con palabras que broten de vuestro corazón, como Yo os he enseñado, veréis abrir sus ojos a la luz y estrecharos entre sus brazos con amor y caridad.
88 Estos tiempos deben ser de preparación y de meditación, pueblo, porque si ahora no los aprovecháis, vais a suspirar por ellos.
Pueblo: Menos palabras y más obras
89 Debéis ejecutar muchas obras para que estéis preparados para levantaros a predicar mi Obra; debéis llegar a la completa regeneración de toda vuestra vida para que, cuando aquél que escuche la Doctrina que le vais a predicar, se asome a vuestro hogar, o siga vuestros pasos para escudriñaros, sólo encuentre limpidez y verdad en vuestras obras.
90 Si anheláis mostrar al mundo la grandeza de la Doctrina que en este tiempo os he enseñado, pensad que primero debéis llegar a ser como espejos limpios que puedan reflejar la luz.
91 No confiéis siempre en la elocuencia de vuestro lenguaje o en la mayor o menor facilidad de vuestra palabra. De cierto os digo que las más bellas palabras nunca llegarán a tener la fuerza de convicción que tiene una buena obra, por sencilla que ésta sea.
Pueblo: Sin obras de amor y caridad no hay cumplimiento
92 Pueblo amado: Éste es el tercer día en el que vengo a resucitar mi palabra entre los muertos. Éste es el Tercer Tiempo en el que me aparezco ante el mundo en forma espiritual, para decirle: Éste es el mismo Cristo que visteis expirar en la cruz, que ahora viene a hablaros, porque Él vive, vivirá y será por siempre.
93 En cambio, veo que los hombres, a pesar de que en sus religiones manifiestan estar diciendo la verdad, llevan el corazón muerto a la fe, al amor y a la luz. Creen que con orar en sus templos y asistir a sus ritos, tienen asegurada su salvación, mas Yo os digo que es menester que el mundo sepa que la salvación sólo la alcanzará mediante la realización de obras de amor y de caridad.
94 Los recintos sólo son la escuela; las religiones no sólo deberán concretarse a explicar la Ley, sino a lograr que la Humanidad comprenda que la vida es el camino donde debe aplicar lo que en la Ley divina haya aprendido, poniendo en práctica mi Doctrina de amor.
95 El que sólo escucha la lección, el que se ha conformado con asistir a la cátedra, a la enseñanza y ya con ello cree haber cumplido su deber, está en un grave error, porque si aprendió la lección que le fue revelada y no la puso en práctica, ni cumplió con su Maestro, ni para con sus hermanos, ni aun para consigo mismo; fue tan sólo un discípulo que, habiendo creído entender la enseñanza, olvidó lo más importante de ella, que es llevar a la práctica el amor, el perdón, la caridad, la paciencia, la fe y todo cuanto de bueno encierra y aconseja una lección divina.
Lección divina: Los últimos serán los primeros
96 Pueblo amado: Aprended a ser el último, para que seáis el primero ante Mí. Os quiero humildes de corazón, sencillos y virtuosos. No os dejéis seducir por las falsas glorias de la Tierra, que sólo sirven para desviar al espíritu del camino verdadero, o para estacionarlo, haciéndolo perder un tiempo precioso para su adelanto espiritual.
97 Buscad siempre el sitio donde podáis ser más útiles, prefiriéndolo siempre al que os haga aparecer como más notable.
98 No seáis vanidosos ni frívolos, no améis los primeros lugares como lo hacían los fariseos, para lograr enseñorearse ante el pueblo y que éste les hiciera honores.
99 El espíritu verdaderamente elevado no se mancha con esas miserias, porque le repugna la ostentación, el halago y la adulación.
100 El que cumple con la Ley de Dios, aplicándola a la vida espiritual y a la humana, le basta, y aún le sobra, con la paz que de su Señor recibe después de cada una de sus obras.
101 Buscar los mejores lugares, las miradas y los halagos, es amarse a sí mismo antes que a todo lo demás, y eso es estar muy lejos del cumplimiento de la Ley de Dios.
102 ¿No os dije "Amaréis a Dios antes que a todo lo creado"? Ése es el sentido del primer precepto. ¿No os dije "Amaréis a vuestros semejantes como a hermanos"? Eso es lo segundo que debéis hacer.
103 Ved entonces cómo vuestro amor propio debe ser el último y nunca el primero.
104 Por eso llamé hipócrita a aquellos fariseos que, diciéndose los más celosos en el servicio de Dios, buscaban siempre ser los primeros en la sinagoga, gozaban recibiendo el homenaje de la gente, procurando cubrir siempre su cuerpo con muy buenas galas para esconder bajo ellas toda su iniquidad.
105 No quiero llamaros hipócritas. Si no os sentís limpios, al menos sed discretos; pero no alardeéis de limpidez, porque sería muy triste que alguien que ya estaba creyendo en vuestra sabiduría y virtud, descubra la verdad y vea que vuestro testimonio era falso.
106 Que la sinceridad y la verdad sean siempre en vuestros actos.
107 Que la humildad sea siempre en vuestra vida, os pide el Maestro.
108 Veréis entonces cómo la verdadera virtud habitará en vuestro corazón; lo notaréis cuando vuestra mano diestra haya hecho una buena obra y de ello ni siquiera se haya percatado la siniestra.
109 Decid al mundo que no es menester que Cristo venga a nacer y a morir delante de cada generación para que podáis salvaros, que aún está viva mi palabra del Segundo Tiempo, tocando a todos los espíritus y llamando al corazón de cada generación.
110 ¡Mi Paz sea con vosotros!